Eduardo Costa, el bullying y la venganza (por Joel Vallomy)
- Joel Vallomy

- 3 abr
- 6 Min. de lectura
La historia del fundador de Campana también tiene su costado menos solemne. Entre caricaturas, burlas y operaciones políticas del siglo XIX, Eduardo Costa fue blanco constante de sátiras… pero también impulsor de una curiosa “venganza” en el mundo del humor gráfico. Una trama que revela cómo el poder, la prensa y el ingenio se cruzaban mucho antes de los memes actuales.

Está claro que la burla política o a los círculos dominantes de una sociedad existen desde tiempos inmemoriales: egipcios, griegos, sumerios… ya sea con papiros o sátiras, la cultivaron. A saber: cada sociedad utilizó los medios a su alcance para hacer humor en general y político en particular.
Por estas pampas, si bien la burla y la comedia existieron desde los tiempos virreinales, no fue hasta después de la caída de Rosas que ingresaron al país imprentas con calidad para desarrollar a escala comercial los periódicos ilustrados de manera medianamente profusa.
En cuanto al financiamiento, no se vaya a creer que el humor político era generado de forma inocente y estoica por grupos de artistas independientes financiados por publicidades de vendedores de mazamorra o fabricantes de velas: tanto ayer como hoy, en más o en menos, gran parte de los medios de comunicación responden a distintos intereses políticos, económicos o a ambos a la vez.
Y aquí vamos a Eduardo. Nuestro querido Eduardo Toribio Costa fue uno de los políticos más relevantes de su tiempo. Íntimamente relacionado con Bartolomé Mitre, le tocaba ser un político todoterreno actuando como de acuerdo al momento legislador, ministro, interventor federal, procurador, además de candidato a gobernador de nuestra provincia, donde la suerte le fue esquiva (o el nivel de fraude/violencia de sus oponentes fue mayor al que su sector pudo ejercer). Ese nivel de poder y exposición pública lo puso en un lugar de primera fila para las burlas políticas, siendo absolutamente “memeado” —para buscar un término actual— por sus adversarios.
En cuanto a los periódicos de humor del siglo XIX, época en que Eduardo brilló, El Mosquito es el que más habitualmente se menciona. En el presente, un poco se romantiza su figura, mencionando que se mantenía como editorial, además de por sus suscripciones, vendiendo tarjetas personales y pequeñas fotografías. Saliendo de la fácil tentación de quedarme con la versión "Wikipedia" de la vida y cosas similares, y hurgando en fuentes más cercanas al periódico, uno se topa con un Caras y Caretas de 1912 en que se señala que El Mosquito era sostenido por quien fuera el gobernador Adolfo Alsina. ¿Eso qué significa?
Alsina, aunque durante largo tiempo aliado con Mitre, había roto lanzas con aquel formando su propia facción política, y su rival más cercano a vencer era siempre el propio mitrismo; y eso, por supuesto, incluía a nuestro Eduardo. Costa, en la década de 1870, era caricaturizado remarcando su barriga generosa y, en general, en una actitud de idolatría a Mitre. Con el paso de los años, en las ilustraciones se marcaría el paso de su edad, el aumento de su barriga, y ya mostraría sin reservas su amor incondicional y desenfrenando por la comida. Esa cuestión de la gula la he relatado en la nota sobre las bacanales de Campana, que en este link se amplía.
El asunto es que al mitrismo y a Eduardo no les gustaba sufrir el bullying sin devolver la piña. Y a Eduardo le tocó la responsabilidad de iniciar la respuesta: armaría, sin mostrarse, otro periódico de caricatura donde le darían murra a sus oponentes; este fue La Presidencia. El asunto es que si bien el mitrismo tenía dinero —y en general, mucho de ese dinero era aportado por el propio Eduardo—, había algo que no se podía comprar hecho: los dibujos. Es decir, Eduardo podía adquirir la mejor imprenta, pero sin dibujantes no tenía gran sentido.
¿Cómo se resolvió este asunto? Cuenta también la Caras y Caretas citada que Eduardo citó al dibujante Henri Stein, quien para esos años era el artista estrella de El Mosquito, y le ofreció dibujar para su propia revista. Stein, quien en el futuro no solo ilustraría El Mosquito sino que lo dirigiría, al principio dudó, pero terminó aceptando el convite, y en absoluto secreto ilustró durante algún tiempo ambas publicaciones, intentando en lo posible variar el estilo de los dibujos, consumando así la venganza del mitrismo en el campo caricaturesco contra sus enemigos. Un detalle jugoso: como el personal de ambos periódicos no estaba al tanto de su dualidad, le tocó escuchar a los redactores de El Mosquito planear una paliza para el misterioso dibujante de La Presidencia; o sea, él mismo, cuestión que por todos los medios intento desactivar.
Con el tiempo fueron apareciendo más periódicos satíricos: uno de ellos fue El Quijote, que también lo tuvo a Eduardo como asiduo protagonista, apelando en algunas ocasiones a "Costra" como nombre.
Es interesante observar una cuestión sobre Costa: le señalaban lo glotón, obsecuente con Mitre, incluso algunos lo tildaban de cobarde. Pero nunca de corrupto. O casi nunca. El máximo cargo que enfrentó a nivel “rumores” fue por la concesión ferroviaria a Campana, pero la verdad es que la ubicación de nuestro puerto era técnicamente inmejorable para el ferrocarril. Fuera de eso, en El Quijote hubo alguna mención a los supuestos abultados gastos durante su gestión como interventor en Santiago del Estero, y luego, todo se concentraba en burlas netamente políticas y de aspecto personal.
La relación forjada con Stein, de El Mosquito, durante la dualidad de funciones en La Presidencia se nota mucho en los últimos años de Eduardo: si bien sigue siendo caricaturizado, fue honrado con una tapa en sus épocas de Procurador de la Nación, en una icónica imagen que a su vez era comercializada por la imprenta de El Mosquito, que como ya comenté vendía fotografías y también imágenes de distintos dirigentes. Incluso, en la muerte de Eduardo, El Mosquito publicó un sentido homenaje, en contraposición con El Quijote, que si bien da el pésame, lo hace de una forma absolutamente más cortante.
En suma, entender a Costa desde su presencia en este tipo de medios nos da una imagen mucho más clara de su nivel de conocimiento y gravitación nacional, con lo cual, prefiero ahorrar un poco de palabras y dejarlos lisa y llanamente con una modesta colección de esas caricaturas y su mínima explicación contextual.













































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