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La ansiedad perinatal (por Lic. Ma. Eugenia Di Martino)

“Cuando mi marido y yo regresamos del hospital a casa, con la nueva responsabilidad de cuidar a un bebé indefenso de 3,5 kg., los pensamientos intrusivos continuaron. Me despertaba repentinamente en la oscuridad de la noche, incapaz de respirar, aterrorizada al mirar dentro de su cuna porque temía que ella hubiera muerto mientras dormía y que mi vida se acabaría. Me despertaba mucho después de haberle dado de comer y haberla dormido de nuevo, inquieta en la cama y buscando por las sábanas, con el corazón saliéndome del pecho porque me había dormido con ella y ahora estará seguramente en algún lugar de nuestra cama muerta, asfixiada. Me sentí una madre pésima. Tal vez deberían alejarla de mí antes de que le pase algo.


No se lo conté a nadie. Tenía la certeza de que no estaba sufriendo una depresión posparto. No fue la llorera posparto de la que me habían hablado. Pero nadie nunca me preguntó si tenía ansiedad, o pensamientos intrusivos o si alguna vez pensé que me estaba volviendo loca. Y no iba a ser yo quien lo hiciera.”


Extracto del relato de Risa Kerslake, enfermera | www.saludmentalperinatal.es

Si, la llegada de un hijo también puede ser acompañada de estados anímicos y pensamientos como los que se describieron en el relato anterior.


En la sociedad y los tiempos que corren nos encontramos cada vez más con personas que padecen algún tipo de dificultad en el manejo de sus estados de ánimo, concretamente, que sufren crisis de angustia, trastornos de ansiedad o como muchos les gusta llamar, ataques de pánico. Las guardias de los hospitales reciben a diarios pacientes hombres y mujeres, adolescentes, adultos y mayores que llegan con el pecho obstruido, sensación de descontrol interno, temor a la muerte, taquicardia y sentimientos de desesperación por no poder manejar la situación. Esta población crece cada vez más. Y las mujeres en su edad reproductiva y activa sexualmente no son la excepción.


Existen factores de estrés que afectan a las mujeres incluso antes de quedar embarazadas, algunas reciben medicación para el manejo de la ansiedad, pero lamentablemente pocos psiquiatras están al tanto de las últimas actualizaciones científicas en relación al consumo de psicofármacos en el embarazo y en la lactancia. No son incompatibles, sólo hay que buscar el adecuado y la dosis exacta.

Un cuadro de ansiedad previo a una gestación es un primer llamado de atención para el cuidado de esa embarazada. Es posible que durante la gestación los síntomas puedan ser silenciados y hasta negados por la persona, muchas veces la motivación del bebé en camino y las ocupaciones diarias pueden permitir que ni la persona implicada ni el entorno cercano se anoticie de un núcleo ansioso que ante cualquier adversidad pueda dispararse. Sin embargo, cómo dije en otro posteo, un hij@ no viene a curar todos los males del alma, entonces cuando nos encontramos ante la posibilidad de un estado ansioso o trastorno de ansiedad, nos encontramos ante la primer puerta hacia una depresión post parto.


Factores que influyen en este tipo de cuadros:

Falta o escaso apoyo del entorno social

  • Cansancio extremo

  • Fatiga física y mental

  • Parto o cesárea traumática

Sucesos estresantes en la vida de la mujer embarazada:

  • Fallecimiento cercano

  • Mudanza

  • Cuestiones migratorias

  • Accidentes

  • Estado de salud de la madre y el bebé

  • Crisis económica

Muchas veces la forma de nacimiento, sobre todo cuando no fue como era deseado, más el encuentro abrupto con la nueva vida y exigencias del rol materno, sumado al estado de cansancio y las pocas horas de sueño puede conducir a la aparición de síntomas de ansiedad. Cuando este cuadro avanza en el silencio puerperal encontramos mujeres invadidas por diversos pensamientos, muchas veces intrusivos, es decir, que aparecen en la conciencia y no pueden quitarlos fácilmente. La persecución de ser una mala madre, de sentir que no están capacitadas para cuidar del bebé, que se puede morir ante cualquier descuido, son sólo algunos ejemplos. Las cesáreas, cuando se realizaron de urgencia especialmente, pueden dejar impresa en la psiquis la terrible sensación de que no participaron en el nacimiento de su hij@ sino que se los arrancaron (o incluso robaron), con el posterior desvalimiento y sensación de incapacidad que ello despierta. Un parto traumático, con alguna complicación o excesivamente largo también nos puede arrojar un granito más de arena para una crisis de ansiedad posterior.

Si bien los profesionales de la salud mental somos los más capacitados para detectar y diagnosticar estos cuadros, no dejan de asomar signos visibles para cualquier persona. Una mujer que no duerme, cuyo rostro excede al del cansancio en los primeros días de lactancia, que no quiere hablar con nadie, que no puede acomodarse a las necesidades de la situación o acunar amorosamente a su bebé, son algunas de las pautas a tener en cuenta. Ante ellas, el primer paso es ofrecer ayuda desde la escucha y el acompañamiento, y luego, respetuosamente, acercar a un profesional la inquietud.

La necesidad de tomar medidas y concientizar sobre estos temas de salud mental perinatal apuntan a cuidar no sólo a la madre que sufre, sino también al más indefenso en este vínculo, el recién nacido. Lo que ellos más necesitan es una madre que sostenga física y emocionalmente y brinde amor, asentando las bases sobre las cuales se construirá su ser para todo el resto de su vida.


Es obligación de todos los participantes del sistema de salud en cualquiera de sus funciones estar atentos a estos síntomas porque un cuadro de ansiedad detectado a tiempo puede marcar la diferencia en la experiencia de maternidad de cada mujer y por supuesto en la lactancia materna.


La salud mental perinatal debería ser de interés médico, porque con ella prevenimos partos prematuros, retardos del crecimiento, patologías del embarazo, dificultades del sueño, etc.

Lic. María Eugenia Di Martino

Psicóloga

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