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#8M: Una argentina en Nueva Zelanda

Pamela Paz hace un año y siete meses que vive en Hanmer Springs, una pequeña ciudad en la región de Canterbury de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Es argentina, y nos contactamos con ella para que nos cuente cómo es la realidad de la mujer y del feminismo en su nuevo lugar de residencia, en uno de los países más avanzados del mundo. Le preguntamos también qué percibe desde allí respecto a lo que sucede en Argentina, las diferencias y similitudes en el rol de la mujer en los dos países, y si considera que la mujer es más libre, más igual, y/o más empoderada en uno o en otro.

Hola! Hay muchas cosas que observo, pero en general no tengo el vocabulario necesario para expresarlas. Tampoco la información, ya que no sé mucho de la historia o actualidad neozelandesa. Además, mi visión de lo que es bueno para la mujer, o más precisamente para ''lo femenino'', esta lejos de ser intelectual (a la manera occidental). Aun así les cuento un poco porque son cosas que vengo pensando y hablando con gente de hace rato.


Lo primero que cambia para una mujer argentina es el simple hecho de existir en la calle. Muchísimos menos agravios, en la mayoría de los lugares directamente son inexistentes. A la hora de aplicar trabajos pareciera que la condición de mujer importa bastante menos. Nueva Zelanda es un país muy avanzado en cuanto derechos de la mujer. El primero en el mundo en tener sufragio femenino. Aborto legal hace rato, con información clara y fácilmente accesible. También es una mezcla de culturas increíble, (asiáticos, indios, europeos, latinos, además de los propios kiwis y maoríes), cada una con una visión muy distinta de los roles de la mujer y del hombre. Sin embargo, a pesar de ser tan diferentes, conviven muy bien en este pequeño país.


O sea, Nueva Zelanda es MUY políticamente correcta, creo que como cualquier cultura principalmente británica. La politeness es esencial. Esto es lo que a mi parecer hace que la desigualdad o falta de cuidado a la mujer pase por otros lados que a nosotros nos cuesta ver a primera mano.

Nueva Zelanda es un país económicamente liberal. O sea, capitalismo puro y duro, con ciertas excepciones. La lógica de esta “libertad” es: no trabajás, no comés. No es difícil darse cuenta que un orden social basado en la lógica rígida del libre mercado afecta a la mujer (que es necesariamente cíclica) más que al hombre, a la mujer pobre, y a la mujer maori e inmigrante. He trabajado en el packing de kiwis, 10 horas de pie, espantada de ver otras mujeres con un embarazo avanzado también paradas por esa cantidad de horas, sin que nadie se inmute. Tanto hombres como mujeres de edades muy avanzadas siguen trabajando ya que de otro modo no subsisten, y esto lo tienen profundamente normalizado. La educación universitaria y la salud son caras, y no son de gran calidad. Esto te lo puede decir cualquier graduado argentino que viene a Nueva Zelanda con la visa working holiday.


También existe un muy alto grado de violencia domestica. Lo que a primera vista parece poco lógico, ya que los kiwis son muy amables hacia el exterior. En todos lados te atienden bien (la sonrisa es incluso forzada), siempre todos hablan con positividad. Parece como si hubiera menos frustración que en nuestras culturas latinas. Sin embargo, una de las formas de explicar lo que yo veo está en la enorme separación entre lo privado y lo publico. La frustración se descarga en su totalidad en lo privado, en el ambiente doméstico, con la propia familia. Hacia el exterior, todo DEBE ser amabilidad y corrección política. He vivido con kiwis en tres casas diferentes y no me cabe duda de que esto es verdad, y por lejos la principal destinataria de esa frustración es la mujer.

En fin, me parece algo así como que en Nueva Zelanda la calidad de vida individual mejora, en especial para adultos en edad activa con cierta libertad material, pero la calidad de las redes sociales y comunitarias empeora, que a mi parecer son igual de importantes e imprescindibles para la salud de cualquier nación. En esto se encuentra la ventaja y desventaja para los ancianos, los niños y la mujer, pero también para el hombre.


Soy una firme enemiga de la idea de que en este país y en los piases como éste todo funciona mejor y es mejor


Pamela Paz