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Una escalera hacia la cúpula (por Nacho Ibañez)

Fue a fines de los 80´s, principio de los 90´s. Hiperinflación, comienzos del liberalismo, Semana Santa carapintada. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota levantaban el estandarte de la contracultura. Ya se habían ido Federico Moura, Luca Prodan y Miguel Abuelo. En Campana, comenzaba a ensayar Anesthesia con Gus, Cape, Blacky y Nekro. Los Batracios Epilépticos eran inmortalizados en graffittys callejeros y perdíamos en un accidente de tránsito al recordado vecino Roberto Cirigliano, impulsor, dicen, de los ascendentes Soda Stereo.

Voy costeando las vías con la mirada en sentido a Capital y mis ojos chocan con la imponente “nueva” Estación de trenes. La que en sus años mozos fue la más importante después de la Estación de Retiro. Con sus vidrios rotos, techos semidestruidos y revoques abatidos, me recuerda al obrero que camina al costado de las vías con el bolsito al hombro derramando sueños apagados rumbo a la fábrica de tubos sin costura. Veo su hermoso diseño, sus amplios salones, sus escaleras de mármoles blancos y herrajes forjados. Me pregunto si la Estación, así como el obrero del bolsito, alguna vez soñó con ser algo diferente.


El rumor me llegó hace algunos años cuando buscaba información de viejas bandas de Campana y Zarate para un proyecto audiovisual relacionado con el rock zonal: “Tenés que escribir acerca de los recitales que se hacían adentro de la cúpula de la Estación de trenes” – me escriben por mensaje privado de Facebook – “¡Yo era chiquito y acompañé a mi hermano a un recital que se hizo adentro de la cúpula!”, escribe como intentando contagiarme la emoción que sintió aquella noche y que evidentemente lo marcó como a cualquier pibe que presencie semejante escena. Mi proyecto rockero quedó en el camino pero la imagen casi épica de una banda de rock tocando adentro de la cúpula me siguió picando la cabeza por mucho tiempo.


Hace algún tiempo surge la posibilidad de escribir para Código Plural y recordé la historia. Un apuro interior me empujaba a retomar la investigación. Quizás movido por ese sentimiento de culpa que tenemos los campanenses por “ningunear” sistemáticamente la zona ferroviaria del bajo, me propuse indagar con algunos conocidos y determinar si esta serie de recitales verdaderamente existieron. Muchas preguntas me surgieron automáticamente: ¿Estructuralmente podrían hacerse recitales adentro o, en su defecto, debajo de la cúpula?, ¿En qué época fueron?, ¿Quiénes asistían?, ¿Qué bandas tocaban? Como dice el Indio, “los recuerdos mienten un poco.” ¿Podría ser que los recuerdos de este niño, hoy grande, se hayan deformado con los años?.

Cuando de historia del rock “campanero” se trata, son pocos los nombres que rápidamente se vienen a la cabeza. Automáticamente pensé en Marito Pasabán, prócer rockero y líder de la emblemática Mongoaurelio Visutti. Lo contacto, me comenta que si bien él no participó de recitales dentro de la cúpula, tuvo la posibilidad de tocar en el hall de la Estación. Tampoco recuerda si verdaderamente se hacían recitales ahí arriba y pone en duda si sus dimensiones permitirían organizar ese tipo de eventos.


Hablo con mi amigo radial Mariano del Teso, otro de los patriotas rockeros del under campanense y conductor del recordado programa televisivo TD Chala TV. Él me dice que no sabe nada acerca de esos recitales pero recuerda haber pasado por la Estación para tomarse el tren a Escobar y escuchar ensayos por ahí adentro.


Rápidamente contacto al inoxidable Giggio” Burián, con quien me unen lazos vecinales y gratos recuerdos de la infancia. La investigación comienza a dar sus frutos. Él me dice: “No tocamos adentro de la cúpula porque no se podía entrar del olor a bosta de palomas, pero sí tocamos en la terraza…” y continúa, “búscalo al Jose Álvarez, él se debe acordar” - hablando de próceres… Jose me confirma la escena y empiezan a aparecer nombres.

En alguna charla de chat entra en escena Victor Noguera Pérez que, instalado en España hace varios años, me manda emotivos mensajes de audio aportando jugosa información que devela al fin el misterio: “No eran recitales, sólo eran juntadas de amigos. Nos juntábamos en el campo del Colo Medina o en La Estación a comer unos choripanes y a tocar un rato, ¡pero vamos! ¡Estamos hablando de 50 o 60 personas! En aquellas épocas había mucho futbol y mucho rock. Las bandas que tocaban eran El Final, antecesora a Los Cayos, con el Colo Medina en la batería y Dios me Libre con David Ahumada (Isidoro) cantando, Diego Goria en bajo, Pepe Jiménez en batería, Delter Galopo y Juan Ibaldi en guitarras.”

Contacto entonces a Juan Ibaldi quien, programa de radio de por medio, aporta información fundamental para que esta historia termine de redondearse. El que organizaba los recitales era Pepe Jiménez, quien vivía en la mismísima Estación como cuidador. Juan me comenta que Pepe había fallecido hace poco y que era un gran anfitrión y una gran persona. También me cuenta que tuvo dos hijos que hoy siguen los pasos de su padre y son bateristas de bandas de rock. A estas alturas, escuchando a Juan hablar con tanta pasión de aquellos años y de su presente como docente de música me deja una satisfacción inmensa de saber que parte de aquella chispa aún sigue ardiendo y creando rock.

Y si, Juan tocó adentro de la cúpula… Si esto no es under, ¿el under dónde está?

Seguramente el obrero quiso dejar la fábrica muchas veces. Debió soñar con hacer de su pasión un trabajo y, quizás, pintar cuadros, componer canciones o incluso escribir algún libro. Pienso que tal vez postergó sus sueños para más adelante, para cuando se jubile o para cuando el dinero opresor de su patrón no sea necesario. ¿Será que la Estación está esperando el momento para colgar los botines ferroviarios y abrazar el mismo destino cultural que salvó a muchas otras estaciones recuperadas del “Ramal que para, ramal que cierra” a lo largo del País? Imagino que observa con envidia los espectáculos de la Plaza Grande y que no pierde las esperanzas al ver los murales que adornan sus paredes exteriores. Imagino que espera más que nadie que algún otro cantante vuelva a hacer resonar los ventanales del emblemático Bar La Estación.


Cuando estaba a punto de cerrar la investigación aparece un personaje fundamental en esta historia que me permite indagar más en la intimidad de aquellas juntadas. Diego Goria, quien usa poco la red Facebook, contesta un mensaje que le había mandado hacía un tiempo largo. “¡Han pasado muchas temporadas!!”, bromea, y me tira una catarata de recuerdos que incluyen giras por Capital con su banda (y la de Pepe) Dios me Libre; recitales como soporte de la banda de Luis Luque, el actor; tocadas en Mon Amí; Estudios de grabación…. ¿cómo? ¿Hay grabaciones de Dios me Libre? – me contesta. Las tiene mi hermano que esta semana viene de Estados Unidos. Mariano, su hermano, también fue parte de Dios me Libre y participó de las grabaciones que se comparten más abajo.


Sólo resta adornar la investigación con imágenes y es momento de tomar la cámara y salir a fotografiar la Estación. Inesperadamente (para mí, pero no para la sincronía de toda esta historia) entra en escena mi amigo Fabián Marangón y me envía 2 fotos de sus “tesoros”, de cuando seguía a los Dios me Libre por los bares de Campana.

Hoy, gracias a las gestiones de Joel Vallomy, puedo acceder al primer piso de la Estación y me encuentro con una cúpula olvidada por el Estado, rota, con tejas faltantes, rajaduras, filtraciones y el reloj detenido a las 19 horas de vaya a saber qué día. Solo recibe el cuidado de un ex ferroviario que la trata como si fuera su casa y que parece seguir marcando su inevitable destino cultural adornándola con esculturas de su autoría. Alberto Albarracín me guía gentilmente hacia la cúpula. Ahí dentro, imagino las caras aún jóvenes de todos los entrevistados, riéndose, abrazándose, imaginando futuros que hoy son presente. Una semiesfera de unos 7 metros de diámetro con algunas ventanillas que dejan ver los cuadros emblemáticos de la ciudad: la refinería, la Escuela Técnica, la vieja Estación y la Avenida Rocca recientemente renovada. En el medio, una escalera de hierro que sube hasta el punto mas codiciado por todos los fotógrafos del pueblo. Cruzo miradas cómplices con Joel que Alberto, el cuidador, detecta y enseguida dispara la pregunta más esperada: ¿querés subir?.


Voy tras los pasos de Alberto, abre la escotilla, subo tras él, me abrazo al mástil oxidado con mis manos sudorosas, y disparo mi cámara a diestra y siniestra. Finalmente puedo fotografiar a Campana desde el techo de la mismísima Cúpula. Ahí arriba, acompañado por el tímido sol del otoño y la brisa fluvial del Paraná recuerdo un viejo video de la blueswoman Sister Rosetta Tharpe interpretando Didn´t it rain en una estación ferroviaria de alguna parte de Manchester. Pienso en lo lindo que sería regalarle a nuestra Estación un futuro cargado de música y arte. Ella espera, como el obrero del bolsito, que nos demos la vuelta, la miremos a los ojos y la dejemos al fin, ser lo que siempre soño.

Nacho Ibañez

Crossroad (FM del 15) / Desde el Oceano (Facebook)

Accedimos a algunas grabaciones de "Dios me libre" y compartimos lo que pudo haber sonado en aquellos años en la Estación

Para escuchar más: CLICK AQUÍ


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