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Tito Jendrulek, un imprescindible (por Oscar Trujillo)

Entre todos los hombres y mujeres que caminan a nuestro lado, hay pocos que dejan huella. Tito fue, sin duda alguna, uno de ellos. Y no justamente porque tuviera pretensiones de protagonismo, pues el perfil bajo fue siempre norma rectora de su conducta cotidiana. Dejó una marca imborrable en cuantos caminamos junto a él por muchos motivos.


Esposo, padre y abuelo ejemplar, amante del buen fútbol, viajero entusiasta y amigo leal, para muchos de nosotros, el Tito a quien primero conocimos fue ese contador que en 1995 enfrentó junto a Jorge Varela, las vicisitudes de una economía municipal en serios problemas. Era un laborioso y dedicado estudioso de la realidad económica en general, con una premisa que inculcó a cuantos deseábamos aprender a su lado: su idea de potenciar el crecimiento económico de la ciudad alentando la producción, el empleo, el comercio y las inversiones para fortalecer el desarrollo integral de la comunidad. Crecimiento para el desarrollo.


Honesto y probo en el manejo de las cuentas públicas, siempre pregonó y practicó la necesidad de elevar el nivel de la discusión política local, no sólo con sus propios compañeros. Muchos opositores y adversarios políticos encontraron en Tito no sólo a un firme polemista, sino también a un generoso interlocutor siempre dispuesto a aclarar dudas, debatir alternativas y compartir información.


Esa misma generosidad y humildad que predicó y practicó como norte de su forma de pensar la política, para la que siempre deseó puertas abiertas a la promoción y el aliento de los más jóvenes. Fue desde siempre un impulsor de una permanente y amplia renovación política. Coherente como pocos, supo enfrentar con una hidalguía increíble cuestionamientos y adversidades, para retirarse de la vida pública por la puerta grande.


Fue Secretario de Economía, Concejal, Presidente del Concejo Deliberante e Intendente Interino en varias oportunidades. Y a cada uno de esos escritorios lo acompañaron siempre su sonrisa amable y su infaltable calculadora con rollito de papel con la que analizaba cada tema de discusión.


Qué orgullo enorme pueden sentir sus hijos y nietos de llevar su apellido! Qué gran honor tuvimos muchos de haberlo conocido y disfrutado de su amistad!


Cuesta -y duele más aun- pensar estas palabras como una despedida. No se lo merece un hombre de la talla de Tito, cuya integridad y bonhomía lo convierten en referencia, en modelo para muchos. Porque así debemos valorar a los hombres y mujeres que son, como Tito, un modelo a seguir. Un ejemplo a imitar.


Un imprescindible.


Oscar José Trujillo

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