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Oferta educativa, salud pública, producción y trabajo en Las Praderas

Un grupo de estudiantes de Fines con Formación Profesional realizó un informe sobre lo que acontece en esos temas centrales para la vida de la comunidad.

Este es un informe sobre educación, salud, producción, y trabajo que realizó un grupo de estudiantes de FINES con Formación Profesional de la sede que comparten Las Praderas y San Felipe.

Estudiantes de tercer año de la modalidad Fines con Formación Profesional, de la sede que comparten los barrios Las Praderas y San Felipe, realizaron un trabajo de campo en ambos sectores de la ciudad en el que abordaron cuestiones tales como educación, salud, producción, trabajo y religión. Las autoras de este trabajo son Carina Berón, Nancy Carballo, Verónica Gómez, Marcela Graziani, Camila Abigail Martínez, Camila Lucrecia Martínez, Laura Robles, Milagros Rocha, Edith Salvatierra y Laura Villa. La actividad formó parte de la materia Metodología de la Investigación.

Barrio Las Praderas

A la Escuela de Educación Secundaria N° 11 concurren 255 estudiantes. El establecimiento del barrio Las Praderas, creado el 24 de septiembre de 2013, da trabajo a aproximadamente 70 personas, cuenta con un comedor dependiente del Servicio Alimentario Escolar (SAE) y con gabinete psicopedagógico. Su infraestructura edilicia comprende seis aulas habilitadas, a las que en un futuro próximo se agregarán algunas más.


El Jardín de Infantes N° 913 “Sara Eccleston”, fundado el 9 de septiembre de 1987, funciona en doble turno. Concurren 156 niñas y niños y cuenta con un plantel de diez docentes y tres auxiliares. Dispone de tres aulas y un comedor, que en tiempos de pandemia dejó de funcionar. Fue reemplazado por los módulos de asistencia alimentaria, destinados a las familias más necesitadas. Los objetivos de la institución consisten en el desarrollo de valores como el amor, la empatía y la solidaridad, además de buenos hábitos, como el cuidado de la naturaleza y los animales.


En el barrio también funciona una sede del programa FINES, modalidad dirigida a las personas mayores de 18 años que no hayan concluido sus estudios secundarios. Al cabo de tres años de cursada -organizados por cuatrimestres-, quienes egresan obtienen el título de Bachiller con Orientación en Ciencias Sociales. En cada cuatrimestre se cursan cinco materias. Alrededor de 2.060 estudiantes, desafiando las dificultades que plantea la pandemia, toman sus clases y realizan sus actividades mediante la modalidad virtual. Las clases presenciales serán retomadas cuando las autoridades educativas provinciales así lo dispongan para este nivel de enseñanza. El equipo de trabajo está formado por una coordinadora distrital, coordinadores y tutores, quienes están encargados de hacer un seguimiento de las trayectorias educativas, para evitar que se produzcan deserciones.


Al Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) que funciona en el barrio Las Praderas, concurren en promedio 120 personas por día, fundamentalmente adultos mayores, por consultas relacionadas con problemas respiratorios, enfermedades de la piel, diabetes e hipertensión. En obstetricia, se atienden casos de urgencia. Además, se realizan suturas por heridas simples, se aplican vacunas, se entregan preservativos y pastillas anticonceptivas y se organizan charlas sobre educación sexual. Tiene su sede en Verdier 508.


También la Iglesia Católica tiene presencia en el barrio. A las misas, celebraciones de la palabra, catequesis de comunión y confirmación, estudios bíblicos y reuniones de oración, se suman actividades de asistencia alimentaria y promoción social. En este último rubro, se ha conformado una cooperativa de emprendimientos a través del otorgamiento de microcréditos.

Producción de ladrillos


El ladrillo es un sello distintivo del barrio Las Praderas, un elemento que tiene que ver con su identidad y tradición productiva. Nacido y criado en el partido de Escobar, en 1990 Juan José Fragola decidió mudarse a Campana para seguir haciendo el trabajo de toda su vida. Creó la fábrica El Trébol, que en la actualidad emplea entre 10 y 15 personas, cada una de las cuales corta entre 2.000 y 3.000 unidades al cabo de una larga jornada. El trabajo se vuelve más intenso durante el verano. Además del factor climático, es la época del año en la que la demanda aumenta.


De manera muy sencilla, Juan José explica en qué consiste el proceso para la obtención de un producto asociado al progreso, el trabajo y el sueño del techo propio. “Mojamos la tierra colorada. El agua corre durante todo el día para que se llenen los pozos. Con eso, la tierra se moja y se desmenuza. Al fondo está la liga, la bosta de caballo, el aserrín y la paja de trigo que se pone para hacer el barro. Después se hace el pisadero. Antes se hacía con caballos, pero ahora lo hacemos con un tractor, que durante ocho horas da vueltas y vueltas para que se mezcle el barro con todo lo que se usa para la liga. Es como hacer un puré”, describe Fragola.


Cuando al día siguiente la mezcla está lista, se la traslada a un espacio amplio llamado cancha para que los operarios comiencen a trabajar en el corte. Con sus propias manos rellenan con la mezcla dos moldes y le dan forma al futuro ladrillo. Lo obtenido es depositado en el suelo, donde al cabo de varias horas tomará consistencia, mediante un proceso de secado natural. “El adobe seco se lleva al horno –retoma Juan José-. Los muchachos arman las boquillas para quemar, en los huecos se hace el fuego y arriba se apila todo lo que se quema. El quemado dura aproximadamente veinte horas, de las cuales en doce se le da mucho fuego y en las ocho restantes se termina de cocinar con el mismo calor del horno. Salen ladrillos de primera, rojizos, y de segunda, anaranjados, que no fueron quemados muy bien. El ladrillo se sigue haciendo igual desde más de mil años; lo único que cambió es que ahora le pusimos tractor y algunas otras cosas para modernizar un poco, pero lo demás no cambió”, concluye. Cuando están listos, son apilados sobre bases de madera, cubiertos con un envoltorio transparente y conducidos por una máquina elevadora al camión, que los transportará hasta los corralones o las obras.


Barrio San Felipe


Al ingresar al Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) del barrio San Felipe, una placa da cuenta de que la obra fue “erigida por el Club de Leones de Campana, con la colaboración de la Sociedad de Fomento”, entre los años 1984 y 1985. Al pie del bronce se recuerda a los leones Fernando Mengual, Príncipe Vieytes y Alberto Musacchi. El centro de salud vecinal, desde su sede de Dorrego 1322, ofrece servicio de enfermería, atención médica, pediátrica, obstétrica y psicológica. Además, provee medicamentos, leche para niñas y niños hasta los dos años, pastillas anticonceptivas y preservativos. La dotación de personal está compuesta por cinco profesionales de la salud.