Néstor nos enseñó el camino, Lula lo reafirma y Cristina sigue siendo nuestra conductora

Hoy se cumplen 16 años de la partida de Néstor Kirchner. Y la victoria de Lula en Brasil nos recuerda algo que Néstor nos enseñó con su vida: las convicciones no se negocian y ningún proyecto popular puede sostenerse sin conducción, organización y lealtad.
Lula acaba de protagonizar una elección histórica. En la primera vuelta estaba abajo por 2,2 millones de votos. Tres semanas después superó a Bolsonaro por más de 4,4 millones de sufragios. Sumó más de diez millones de votos, revirtió una tendencia que muchos daban por definitiva y demostró que la derecha puede ser derrotada en las urnas. Pero la enseñanza más profunda es que Lula no necesitó dejar de ser Lula para ganar. No abandonó su historia ni escondió sus convicciones. Durante esas tres semanas fue, más que nunca, Lula.
La amplitud política ya había sido parte de su estrategia cuando construyó sus alianzas y conformó su fórmula presidencial. Pero nunca puso en discusión quién conducía. Nadie le pidió que diera un paso al costado ni buscara un sucesor. Su partido y su militancia entendieron que había que fortalecer su liderazgo. Y esa es la enseñanza que nos deja Brasil a quienes somos profundamente kirchneristas.
Néstor y Cristina demostraron que era posible sacar a la Argentina de la crisis, recuperar el trabajo, reconstruir la industria, ampliar derechos y devolverle dignidad a millones. Lo hicieron enfrentando intereses poderosos, sin renunciar a sus convicciones. Por eso, cuando algunos plantean que el peronismo necesita una nueva identidad o reemplazar a Cristina, debemos preguntarnos: ¿por qué renunciar a aquello que nos permitió transformar la Argentina?
Cristina representa la continuidad del proyecto que inició Néstor y los valores de justicia social, independencia económica y soberanía política. Es nuestra conductora y la única dirigente capaz de encabezar una alternativa nacional que enfrente a la derecha en 2027, como lo hizo Lula en Brasil. Cuidar su liderazgo no significa dejar de debatir, sino entender que ningún proyecto se fortalece cuestionando permanentemente a quien lo conduce.
No necesitamos inventar otro peronismo para recuperar la esperanza. Necesitamos creer en nuestra historia, nuestra doctrina y nuestros valores. Porque somos los peronistas quienes podemos hablar de futuro con la autoridad de haber demostrado que es posible construirlo.
A 16 años de la partida de Néstor, su legado sigue vivo. Y el triunfo de Lula nos recuerda que los liderazgos populares no se reemplazan por conveniencia, ni las convicciones se abandonan para parecer más amplios.
Por Soledad Alonso (Diputada provincial por Buenos Aires, Fuerza Patria) |


















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