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''Nada'' (por Nacho Ibáñez)

Algunas canciones llegan sin sentido aparente y se quedan yendo y viniendo, musicalizando caprichosamente nuestras vivencias en lo que algunos llaman “el videoclip de la vida”. Esto me pasó con el tango ''Nada'', interpretado por Julio Sosa. Un hermoso tango de la época dorada que relata las penurias (como casi todos los tangos) de un tipo que se la mandó con su gran amor y cuando se dio cuenta que la amaba y decidió volver a buscarla no encontró nada, ni siquiera el rosal…

Lo escuché por primera vez en un cassette con los 20 grandes éxitos de Julio Sosa cuando tenía unos 17 o 18 años y ya no me dejó nunca más. Recuerdo haber escuchado una bonita versión interpretada por una cantante en un concurso de televisión, alguna otra vez interpretada por el ''Negro'' Dolina, con el ruido a fritura tan característico de la radio AM mal sintonizada, y la suprema versión de la Negra Sosa y María Graña [click acá].


Hoy, mientras hacía una de las pocas cosas que se hacen en cuarentena, limpiar, me encontré con un libro con la biografía de Julio Sosa y entre sus páginas la letra de ''Nada''. Sus autores: José Dames y Horacio Sanguinetti. Que fue grabada por primera vez por la Orquesta de Carlos Di Sardi con voz de Alberto Podestá y que se hizo tan popular que luego fue grabada mas de 300 veces por distintos artistas.

Me detuve en el compositor de la letra, Horacio Sanguinetti. En realidad se llamaba Horacio Basterra, era uruguayo y nació en Marzo de 1914. Su primer “hit” fue ''Morocha triste'' en 1939, y desde entonces no paró. Es catalogado como “una de las plumas que ayudaron a prestigiar la literatura del tango aportando lenguaje pulcro y cuidado…” (*)   Algo trascendental acabó con la carrera de Horacio. En 1950, durante el velorio de su hermana muerta de tuberculosis, discutió con el viudo, su cuñado militar. El tipo peló un arma y el tanguero hizo lo propio, le disparó y lo mató frente a todos los presentes. Se escapó y logró llegar al cabaré Chantecler, donde Pugliese, Juan D’Arienzo, Cátulo Castillo y Homero Manzi le dieron una mano. Se fueron los cuatro a la Residencia de Olivos a hablar con el mismísimo Presidente Perón. Como resultado, Perón persuadió al Jefe de la Policía Federal para que no se ocupe del caso por algunas horas. Sus amigos juntaron un poco de plata, lo llevaron hasta San Fernando y lo metieron en una lancha que lo cruzó hasta Carmelo, Uruguay. No se supo más nada de Horacito… Murió en diciembre de 1957.

Quién te dice que el tanguero alguna vez no haya vuelto a escondidas a los arrabales porteños en busca de su amor forzadamente abandonado y repasó la letra en su cabeza:

“Nada, nada queda en tu casa natal… Solo telarañas que teje el yuyal. Y el rosal tampoco existe Y es seguro que se ha muerto al irte tú… ¡Todo es una cruz! Nada, nada más que tristeza y quietud. Nadie que me diga si vives aun… ¿Dónde estás, para decirte que hoy he vuelto arrepentido a buscar tu amor?”  

Claramente el tango ''Nada'' pudo haber sido la música del “videoclip de la vida” de su propio autor…

(*) Gaspar Astarita, consultado en 2016 para la Revista Tango y Lunfardo


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