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Grave caso de abuso sexual, pedofilia y extorsión

Una niña de 10 años tomó la decisión de contarle a su mamá los abusos que estaba padeciendo por parte de quien era su padrastro, quien también la extorsionaba y amenazaba para que no contara nada. Si bien la denunciante asegura que en la Comisaría de la Mujer la trataron muy bien, teme que el hecho de que el padre del denunciado sea Comisario allí afecte la evolución de la investigación y de la causa, que quedó a cargo de la U.F.I. N°3. Ya hay una restricción perimetral vigente, y una orden de ejecución de pericias médicas y psicológicas.

La UFI 3 de Moreno 677, especializada en violencia de Género y Abuso sexual, quedó a cargo de la causa y de la investigación

Luly tiene 29 años, es madre de tres, y hasta hace no mucho tiempo convivía con Nicolás Yamil Cevasco, de 28. Estuvieron viviendo en concubinato durante cuatro años, se separaron por el lapso de un año y medio, pero al comenzar el período de aislamiento obligatorio decidieron volver a juntarse e intentarlo otra vez. El padre biológico de sus hijos nunca se hizo cargo, y en la práctica quien crió a los chicos fue Cevasco, quien los conoce desde muy chiquitos. Ellos lo amaban, lo consideraban su papá, y así lo llamaban.


Pero el intento de recomposición de la pareja no llegó a buen puerto, y hace aproximadamente dos meses y medio se volvieron a separar. Luly cuenta que sus hijos ya están más grandes y que comenzaron a llevarse mal con su padrastro. Especialmente su hija, melliza de uno de los varones, que lo rechazaba abiertamente.


''Mis hijos me pedían que él no venga más porque se sentían mal. Ella una vez me lo pidió llorando. Pero yo pensé que era porque él los peleaba, ya que estaba todo el tiempo rechazándolos. Como que no los aguantaba, y yo pensé que era por eso. Así que le dije que se fuera, porque me lo pedían los chicos'', expresó la denunciante.

Dos meses y medio después de que Cevasco se fuera, la hija de 10 años de Luly la llamó a su habitación y le dijo que le tenía que contar algo. ''Pero no me retes ni te enojes'', le dijo a su madre, que pensaba que se trataba de algo sobre sus hermanos. ''Nunca me imaginé lo que me terminaría contando'', admitió luego.


''Ella estaba sentada. Se levanta, cierra la puerta, y me dice ‘’mejor te lo cuento mañana o pasado’’. Y yo le digo ‘’no, porque mañana o pasado puede ser tarde’’. Me dijo ‘’bueno, está bien pero no te enojes’’. ‘’No, no me voy a enojar’’, le respondí. Me abraza fuerte, se pone a llorar, y me dice que Yamil -o sea, mi ex pareja- la manoseaba. Y yo quedé helada.''


Luly decidió entonces llamar a su hermana. Juntas, le preguntaron a la niña si era verdad lo que estaba diciendo ''porque era muy grave'', y le señalaron que si era mentira que se quedara tranquila que ellas no se iban a enojar. La niña, si bien asustada, comenzó a contarles.

La menor detalló con claridad una situación de abuso sexual repetida en el tiempo. Que la obligaba y que la amenazaba con que iba a ''matar a piñas'' a su madre, y otras cosas irreproducibles respecto a ella. También describió cómo él, tras cometer estos hechos, ''se asustaba mucho'', y que por eso durante días no hacía nada, pensando que la niña lo iba a delatar con su madre. Pero como veía que ella no contaba nada, volvía a abusar de ella.


''Nos contó también que forcejeaban, porque ella le decía que ‘’ya era grande y entendía que lo que él le estaba haciendo era grave, y siempre le pegaba y lo sacaba diciéndole que él era su padrastro y que estaba mal lo que hacía. Y dice que él la forcejeaba y le tapaba la boca para que ella no gritara, y le decía que si gritaba me iba a matar a piñas a mí'', confió Luly, angustiada pero entera y decidida a hacer justicia por su hija, a Código Plural.


La niña contó con total detalle lo que tuvo que padecer. Al finalizar su relato, su madre le hizo algunas preguntas específicas, pero que recién tendrán respuesta certera cuando se realicen las pericias físicas pertinentes, que ya han sido ordenadas.

Ante la pregunta respecto a por qué recién ahora contaba todo, la menor le explicó a su mamá ''tenía miedo de que te pasara algo a vos, mami’’. Además, la víctima había percibido que Cevasco estaba estableciendo otra relación, y pensó que por eso no iba a volver más a su casa, lo que la alentó a hablar. Pero, fundamentalmente, lo que la motivó a contar el horror que tuvo que experimentar pese a que le daba ''muchísima verguenza, porque era como mi papá'' fue ''que esto no le pase a ninguna otra nena más''.


Luly inmediatamente se dirigió a hacer la denuncia a la Comisaría de la Mujer (Ameghino 651), donde asegura que la trataron ''súper bien''. Pero considera importante señalar que el padre del denunciado es Comisario allí, y teme que eso bloquee o interfiera el normal desarrollo de la investigación y de la causa. ''Lo que yo hice es lo correcto y es lo que ella me pidió, porque yo le pregunté qué le gustaría que hiciéramos, y ella me dijo que quería que él la pague. Tal es así que ella se puso muy feliz cuando salimos de la Comisaría de hacer la denuncia. Vino corriendo hacia mí a abrazarme. Y me dijo, llorando, ‘’gracias mamá’’.


Algo que se informó mal en primera instancia, y que fue un error que fue propagándose, es que la ex pareja convivía en el Barrio Santa Lucía. La mamá de la víctima aclaró que quienes viven en ese barrio son Cevasco y su madre, pero que, estando juntos, ellos siempre vivieron en su casa del Barrio Del Pino.


En relación a esto último, ella nos comentó que padece de una enfermedad autoinmune y que, producto de la pandemia y el aislamiento, la misma se le había reactivado. Es así que tuvo tres episodios de neumonía, y las tres veces terminó internada. Y es ahí, en esos momentos, en que ella se veía forzada a abandonar su hogar, y en los que sus hijos quedaban a cargo de Cevasco. ''Ellos quedaban al cuidado de él, porque mi papá y mi mamá estaban conmigo todo el tiempo. Y bueno, él era su papá, o sea, él los cuidaba, si se enfermaban los cuidaba él, la escuela él, el rol de padre lo llevó adelante él. Y ellos lo amaban. Era obvio''. En resumen, los hechos sucedían cuando ella no estaba en la casa, cosa que solamente pasaba cuando padecía problemas de salud, porque en ningún otro momento quedaban a solas con él. ''Yo vivo con mi mamá y mi papá, pero tengo mi casa arriba aparte. En todo momento los chicos estaban conmigo o con mi mamá, mi papá, o mis hermanos''.


La causa quedó a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio N°3 de Campana, ubicada en Moreno 677, conducida por la fiscal Eleonora Day Arenas. Recae sobre Cevasco una orden de restricción, que no solo le impide acercarse a menos de 300 metros de la casa de su ex-pareja y de la víctima, sino también contactarla por cualquier medio, redes sociales incluidas. ''No me puede llamar ni contactar por ninguna red social, ni acercarse a mi casa, porque el mismo día que yo le hice la denuncia me llamó al teléfono de línea de mi casa, insultándome. Tengo también la app Alerta Campana por cualquier cosa. También tengo la notificación que me llegó de pericias médicas y psicológicas'', concluyó Luly.

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