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Es necesario fortalecer y militar la Educación Sexual Integral (Por Angélica Torreyra)

En una conferencia virtual del mes de julio, la especialista en ESI Graciela Morgade, decía haberse preocupado al escuchar la pregunta de cómo enseñar ESI en situación de ASPO. Si la pregunta era tal evidenciaba, para ella, que aún había mucho que trabajar en relación a la ESI, ya que a esta altura debía ser harto conocido que no se aborda como taller o materia, sino que la transversalidad es una de sus condiciones.

Pero no todo fueron retrocesos en estos últimos años, aludiendo sobre todo al recorte presupuestario y a la desidia frente a la ESI por parte del gobierno macrista. Profesionales de distintas disciplinas (filosofía, antropología, historia, derecho, etc.) y activistas de movimientos feministas y de diversidad sexual, brindaron y brindan aportes que obligan a revisar y actualizar los contenidos de la ESI de modo permanente.


La reproducción biológica y el aparato reproductor de varones y mujeres que durante años se asimiló a educación sexual en la escuela respondía a un binarismo biologicista, esencialista, donde al hombre solo le cabía el papel de productor y a la mujer de reproductora en tanto “dadora” de vida y cuidadora de la futura fuerza de trabajo.


La ESI apareció con la intención de subvertir la histórica tradición de negar el tratamiento explícito de la sexualidad como construcción social e histórica. Apareció quebrando los silencios que circulaban en la escuela reproduciendo una heteronormatividad incuestionada que hacía foco en la posibilidad reproductiva. Desde sus objetivos explicitados, no deja afuera en absoluto la posibilidad de corrección, mejora y modificaciones. La ESI está en permanente construcción y no escapa a retrocesos en su implementación o a las normalizaciones indeseadas que se filtran en prácticas docentes refractarias a sus propuestas.


A les docentes nos cuesta pensar con otra lógica que no sea la del binarismo, la de las dicotomías como excluyentes: lo bueno y lo malo, lo normal y lo anormal, lo correcto y lo incorrecto. En definitiva, nos cuesta salirnos de la lógica disciplinaria y punitivista de premios y castigos, sobre la que la misma escuela se basó en sus inicios.

A la institución escuela se le pide transmitir una ciencia que -como parte del perfil androcéntrico que la caracteriza- clasifica y jerarquiza, y la identidad no escapa a esta intención. Pese a que las identidades sexogenéricas diversas son contempladas en los contenidos curriculares, el currículum oculto muchas veces opera en contrario reforzando la “normalidad”. Además, esas identidades también quedan asociadas a la idea de fijeza, y se descarta su transitoriedad o fluidez, característica de todas las identidades.


Como dice López Louro: “Se acepta la transitoriedad o la contingencia de identidades de clase. La situación se vuelve más complicada si un proceso semejante ocurre con relación a las identidades de género o sexuales” (1.999, pág. 3) Los cuerpos considerados como portadores de señales en términos de raza, de género, de clase social, de edad, de capacidades físicas o intelectuales, de peso, etc., se encuentran más o menos atravesados por violencias estructurales que se rigen por el modelo de hombre, blanco, heterosexual, propietario, adulto, educado y atlético.


Desde el Frente Grande de Campana creemos fundamental acompañar y apoyar a la escuela en la implementación de la ESI en todos sus niveles, sobre todo en el nivel terciario donde se forman les docentes. Y alentamos la formación en perspectiva de género y diversidades en todos los ámbitos y por parte de todas las organizaciones sensibles frente a estos temas. Entendemos que es fundamental capacitarnos en ellos a fin de promover y operar los cambios que, por un lado, lleven a desmontar discursos normalizadores y moralizadores tan instalados por múltiples y poderosos agentes (los medios de comunicación, las iglesias, la web, el cine, el arte, etc.), y que, por otro lado, permitan albergar y/o habilitar las distintas posibilidades del ser y del estar, del hacer y del disfrutar, junto a y con otres.

Por María Angélica Torreyra

Lic. y Prof. En sociología. Docente del nivel terciario

Vicepresidenta del Frente Grande de Campana

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