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El Negro Leopoldo, el Coronavirus, un licor raro, y el Cólera en Campana (por Joel Vallomy)

A finales de 1886, hace casi 134 años, nuestra ciudad tuvo su primer experiencia con una epidemia, el cólera.

Nuestro pueblo enfrentó este proceso con nuestra autarquía administrativa en pañales, recién separado del partido de Exaltación de la Cruz.

El casco urbano original, ya delineado años antes, se mostraba profusamente poblado en la avenida Rivadavia hasta la plaza principal. En paralelo, San Martín y Belgrano de a poco se iban perfilando en construcciones. Por su parte, Rawson, Moreno y Colón, muchas veces con construcciones muy sencillas que pocas años después fueron dando paso a típicas casas estilo "chorizo".


En esos primitivos arrabales, hoy pleno centro, habitaban los trabajadores que se desempeñaban en esos años en el Frigorífico, en el Ferrocarril y sus talleres, en la Destilería de Alcohol de Devoto y Rocha, en el Molino Harinero de Mitre y San Martín, en las Barracas de Diego Gaynor (donde luego estuvo ''El Citrín'' y actualmente hay canchas de padel) y por supuesto en el puerto, que para aquellos años tenía un gran movimiento de cargas. Aun no era el tiempo de la llegada de la destilería de petroleo, ni de las papeleras, ni de la fábrica de Jabón, pero ya nuestra ciudad contaba con unas 6500 almas.


Además de estas explotaciones industriales, los pobladores del highland local (tal como le gustaba denominarlos al enorme Rogelio Paredes), es decir nuestro productores agropecuarios, adaptaban sus producciones para abastecer tanto al frigorífico -el cual exportó ya en 1884 unas 120000 cabezas de ganado ovino, esto en cuanto a los productores ganaderos- o bien hacia el maíz, el cual era utilizado por la destilería de alcohol.

Bueno, a esta altura el lector que llegó hasta aquí dirá con impaciencia: Bueno, ¿quién m#%$$ era ''el Negro'' Leopoldo? Y yo diré "no me apure que estamos en cuarentena y el tiempo sobra, y como no es una nota del PJ tengo licencia para tomar el rumbo de los tomates un rato".

Entonces este era el cuadro de nuestra ciudad a nivel económico en ese momento. A nivel organizativo, político, sanitario, lo dicho, estaba todo por hacer. Aun no contábamos con un hospital, nuestro municipio funcionaba en una propiedad de la familia Costa situada en Moreno y Luis Costa, y era presidida esta sui generis corporación municipal (no elegida por el voto) por el propio Luis Costa, secundado por José Hornos como Juez de Paz. Se había tomado la precaución de fundar un cementerio, ya que el traslado de los cuerpos al cementerio de Capilla del Señor generaba unos trastornos descomunales, sobre todo en épocas de lluvias. El cementerio local, había sido creado a iniciativa de Marcelino Sivori, panadero y concejal, y en su momento, intendente de nuestro pueblo.

Claramente, la situación sanitaria no era la mejor, las calles durante las lluvias eran lodazales, y aún ni se imaginaba el empedrado de la ciudad. Faltaban además algunos años para el teléfono en el pueblo, y la iluminación nocturna era casi ilusoria.

Entre los medianos y pequeños productores agropecuarios había algunos instalados desde gran tiempo en nuestros pagos, más precisamente en la zona de Río Lujan: los Cheves, los Cuenca, los Melo, ya estaban afincados desde principios del 1700.

Luego, productores mas grandes la Familia Fernández, o Meliton Panelo, en condiciones originales de arrendatarios de los Costa ocupaban bastas zonas más cercanas al casco urbano.

¿Y el Negro Leopoldo? Ya va! Me voy arrimando. En todo caso, si usted alguna vez leyó a Dolina debe recordar el celebre "Instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight". Y si no sabe de que estoy hablando googleelo y entenderá que a veces uno escribe de una cosa para decir otras.

Bueno, Meliton Panelo, veterano de la guerra del Paraguay, era en su momento amigote de los Costa... y no, no me voy a poner a contar ahora los vericuetos de la política que luego los llevaron por caminos medio borrascosos...bueno, la cuestión que Meliton, quien luego fue diputado y además miembro de la élite porteña de la época, tenía grandes extensiones en arrendamiento para la producción agropecuaria, y a la sazón, el Negro Leopoldo era cochero de Panelo.

Bueno, entonces estábamos que para ese diciembre del 86, llegaba el cólera a Campana. Se discute si el contagio local vino de un barco, por tren, pero el punto era que teníamos cólera en el pueblo. Nuestro amigo Leopoldo se presentó ante Panelo y le planteó la necesidad de colaborar en un contexto de escasos medios, donde ya se contaban en bastante número a los caídos por la enfermedad.


Cuestión que Leopoldo Sosa, el Negro, suministraba a los enfermos algunos brebajes criollos y un licor anticolérico que elaboraba, gratuitamente, para todos y todas, la destiladora de alcohol.

Cuando el enfermo no mejoraba, Leopoldo lo ayudaba a bien morir, y por las noches, cargaba los cuerpos y los llevaba para la zona del cementerio. Además recorría los lazaretos: se habían instalados dos, uno frente al cementerio municipal, y otro, según algunas fuentes, en la zona del actual Hospital san Ose, cosa improbable por la cercanía de la quinta de Don Meliton.

Volviendo al licor anticolérico que repartía la destiladora, contenía: raíz de angélica, calamus aromaticus, mirra, canela, aloe, clavo de olor, vainilla, alcanfor, nuez moscada, azafrán, alcohol de 56 grados... en fín, como cuando yo hago guiso: todo lo que haiga.


Claramente la dirección de la fabrica estaba impresionada por la epidemia: empleados que estaban trabajando en ampliaciones fueron de las primeras victimas locales, incluyendo a una familia completa de un alemán que estaba coordinando parte de esas ampliaciones.

Poco a poco la calma fue volviendo a la ciudad, no sin antes llevarse las vidas de unos 120 vecinos.

Leopoldo siguió firme hasta el ultimo día acompañando a los enfermos donde se encontraran.

Leopoldo siguió trajinando. Participó en la Revolución Radical de 1893, la Sociedad Cosmopolita lo designó visitador de enfermos -seguramente ad honoren-, acompañó a enfermos de todas las dolencias acercando frutas, alimentos y consuelo. Ya de viejo, consiguió trabajo en la refinería de petróleo como portero, gracias a la recomendación de una de las hijas de Panelo, ya que su esposo era accionista de la empresa.

Leopoldo Sosa nació el 15 de noviembre de 1859 y fue bautizado en la iglesia Nuestra Señora de La Merced, Chascomús, en enero de 1860. No sabemos en qué momento se vino para Campana. Su mamá se llamaba Juana Sosa. Su acta nacimiento indicaba como una marca de nacimiento su color: NEGRO. Su mamá también era negra. Su papá, bien gracias.

Nuestro Leopoldo enviudó muy joven, y no se volvió a casar. Dicen que soñaba con tantos muertos que vio que nunca pudo volver a dormir bien. Se murió solo, de viejo nomás, en una pensión: el que tantas manos agarró no tuvo quien sostuviera la suya.

Penosamente, no hay ninguna calle Leopoldo Sosa en nuestra ciudad.

En esta cuarentena, nadie te pide que seas un héroe.

Vos con mucho menos que lo que hizo Leopoldo ya ayudas mucho. Cuidate y cuidá a los tuyos y al resto: lavate las manos, salí lo menos posible, respetá la distancia con terceros, lavá tus compras, y si por algún motivo te sentís con algún síntoma, consulta al doctor.


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