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El Mundo Señorial del Siglo XXI (por Lic. Carla M. Navazzotti)

“No se equivoca ni es un pelo**do, es lo que quiere decir”. Esas palabras se deslizaban de la boca de una señora, sentada en el cordón de la calle, contestando a la pregunta de un periodista acerca de “¿Qué le pareció el discurso del presidente?”.


Es difícil entender que todo lo que ocurre, ocurre adrede. Nosotros, los seres humanos, tendemos a pensar siempre que el fin último de nuestra acción es el bien. Pensamos que si alguien asume como gobierno, nunca podría querer que haya desempleo, que haya pobreza, que haya deserción escolar, que los comercios no vendan, etc. Pero eso lo pensamos porque estamos mirando la realidad desde nuestra óptica, desde nuestra cosmovisión del mundo. La óptica de un ciudadano, la óptica de PUEBLO.


La óptica de un Neoliberal, en cambio, se asemeja mucho a la del Señor Feudal (un miembro de la aristocracia que descentralizaba el poder del Rey). En la Edad Media, los Señores Feudales eran los que mandaban en el Feudo. Para que se entienda, el Feudo era una especie de pequeño pueblo donde los siervos, que estaban bajo la tutela del Señor Feudal, producían, trabajaban (como esclavos), y todo excedente producido se lo entregaban al Señor Feudal. El siervo solo debía tener para comer, vivir o subsistir, y el Señor se apropiaba de todo lo demás a modo de “renta”. Y esto era visto de modo “normal”, ya que el siervo había nacido siervo, y no pertenecía al mismo status social que el Señor o la Nobleza, entonces sus derechos eran escasos. A cambio de la renta el Señor ofrecía cierta “protección” de cualquier ataque exterior que se produjera (tal como los rubios que sostienen a los negritos).

La “Dialéctica del Amo y el esclavo” que elabora Hegel en Fenomenología del Espíritu, habla de un movimiento de tres partes o, mejor dicho, tres momentos. El primer momento, es el de la Afirmación, el Segundo es el de la Negación y el tercer momento es el momento de la superación, o de la Real Afirmación (una negación de la negación). Traduciendo esto, el Amo, es aquel que ocupa el primer lugar en la triada dialéctica, es quien se afirma en su Ser, quien sabe que pertenece a una instancia o clase que está por sobre la de los demás, y por tanto nunca jamás va a reconocerse a sí mismo como un “igual” en comparación con otros Seres. Para quien forma parte de ésta “Nobleza” es imposible que se considere hermanado con el pueblo, o con el resto de los seres humanos, porque ellos/as están aquí en este mundo con un solo propósito: PRODUCIR y solo deberán consumir lo suficiente como para subsistir y seguir produciendo. Están aquí para servirlo.


El esclavo, en cambio, se ve a sí mismo como “enajenado”. Hegel habla de una “Negación del Ser”, es decir, que no reconoce su posición como algo que es natural, o que debe ser así; por tanto la niega. Este momento de Negación del Ser es lo que Marx toma para elaborar el concepto de “Alienación”, (Alien=Otro (Ser-En-Otro)). Esta situación en la que se encuentra el Siervo/Esclavo/Sujeto alienado del Siglo XXI es lo que le da una sensación de sentir que merece más, que no le basta con Trabajar, comer, dormir, pagar al Señor las rentas y volver a trabajar. Este sujeto alienado, se da cuenta de que algo raro ocurre, y se enoja, se siente defraudado, y se da cuenta de que todos los Monstruos de los que supuestamente lo protege el Señor Neoliberal son una mentira. Porque no hay peor monstruo que el propio Señor que lo esclaviza, lo excluye del sistema, lo expropia de los excedentes continuamente y lo hace sentir un forastero en su propio Ser. El desmerecimiento, el ninguneo constante, el desprecio, que te digan “que comer milanesas todos los días era un lujo”, que “no podes tener una estufa porque no la podés pagar”, “que no es normal irte de vacaciones, cambiar el auto, ir a la universidad, comprarte ropa nueva, comer afuera, tener celular, tener Luz… (REPITO) TENER LUZ”.


Es normal para el Señor Neoliberal decirlo, lo piensa así, no lo podemos cambiar, su estructura de pensamiento está perfecta para ellos, acá los alienados son los siervos, el que se siente mal porque quedó en la calle viviendo en una vereda es el siervo, no hay falta de sensibilidad en el Señor/a; porque simplemente el siervo no pertenece a su mundo: “naciste pobre, morís pobre”.

Los gobiernos populares, son los únicos que han podido generar una “movilidad” ascendente, son los únicos que han podido generar en las clases bajas un sentimiento de esperanza, que le han dado a los ciudadanos derechos: el derecho a estudiar, a una vivienda, a tener las necesidades básicas satisfechas y aún así llegar a querer autorrealizarse y querer progresar. Las formas de gobierno populares han generado el surgimiento de la “clase media”; que es vista por los Señores como un “error”, algo que no debería existir en su sistema de Amos y esclavos (clase alta y clase baja).

“Es mentira que los pobres pueden llegar a la Universidad”, frase de María Eugenia Vidal. Desde su Cosmovisión del Mundo, tiene razón, es inconcebible. Desde Nuestra cosmovisión: Es MENTIRA que es Mentira que los pobres pueden llegar a la Universidad. Claro que pueden!. Porque existe ese bendito tercer momento hegeliano, que es el momento de la Superación, y ese momento, es aquel en el cual la persona se autorrealiza, y se supera a sí misma, y lo hace a través de la educación. Existe entonces acá, esta puja continua de los Señores, por impedir que los cabecitas negras ingresen a la Universidad, entonces te bajan el presupuesto para las escuelas y universidades públicas, los chicos y chicas tiene un camino cuesta arriba para llegar, no tienen ni zapatillas, les cuesta acceder a útiles nuevos, comen una vez al día y se les complica aún más aprehender los contenidos curriculares, bastardean a los docentes de escuelas públicas y los muestran ante la sociedad como los “vagos de los que se puede prescindir”.

Nada de esto es casual, no son pelo**d@s, no les falta sensibilidad, no se equivocan. Son simplemente así, son Señores y Señoras Neoliberales a los que no les vamos a cambiar jamás su estructura de pensamiento. Pero hay algo que no tienen en cuenta: que nosotros y nosotras, somos más que ell@s. Y que hay un momento en el cual tod@s somos iguales: el momento en que el voto se introduce en la urna. Ardua tarea, la de convencer a aquell@s que aún creen, que el Señor les va a dar alguna migaja, o que los va a reconocer como pares y aún hoy siguen aplaudiendo las supuestas mejoras que hubo.

El Mundo Señorial del Siglo XXI

por Lic. Carla M. Navazzotti

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