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Editorial: Los peligros de los ''cacerolazos de la abundancia''

Si bien Clarín asegura que ''la movida surgió de las redes y de cadenas de WhatsApp'', lo cierto es que esa es una patraña. ¿Qué tiene que ver el más famoso negacionista del genocidio del país en la gesta de un nuevo ''cacerolazo cheto'' contra la política y en defensa de Paolo Rocca? El mecanismo de defensa del poder real ante el retorno de un gobierno nacional y popular que muestra sus garras, mas visible que nunca.

Tras cuatro años sin conflictos -por comunión ideológica y de linaje-, regresaron los chispazos entre el gobierno nacional y Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint. ¿Los motivos? Siempre son los mismos: en los momentos menos oportunos, donde más chances tiene de ejercer presión, la siderúrgica echa empleados a mansalva. Entonces el gobierno reacciona, toma medidas, y de esa forma propicia el ambiente para que desde los medios se busque instalar la idea de que en Argentina ''ser empresario es inviable'' y que ''se castiga a los que producen''. Si, es cierto: Rocca hizo esto mismo apenas comenzó la gestión de Macri, pero Macri nada hizo al respecto.

Ejemplo de esto último fue el editorial del periodista/operador Jonatan Viale, quien desde la plataforma de A24 realizó una encendida defensa del accionar del empresario italo-argentino, acusó a Alberto Fernández de haber caído ''otra vez en la tentación anti-empresaria'' de manera de ''crear enemigos internos, algo que solía hacer su vice'', y repudió que haya calificado de ''miserables'' a empresarios multimillonarios que echan trabajadores en medio de una pandemia sin precedentes.


Pero lo más desopilante, border con lo bizarro, fue lo que sucedió el lunes a la noche en algunos de los barrios mas ''top'' de la Capital Federal: con un poco de maquillaje para que no se note demasiado, hubo gente que respondió a una movida ''anti-políticos'' y ''pro-Rocca'' y salió a golpear cacerolas. El ''cacerolazo'' fue promovido inmediatamente después del discurso del presidente en el que le dijo a empresarios como Rocca ''Muchachos, les tocó la hora de ganar menos'', y su reclamo principal fue ''que los políticos se reduzcan sus sueldos''. Claro, no sea cosa que la sociedad haga demasiado foco en donde debe hacerlo.

Si bien Clarín asegura que ''la movida surgió de las redes y de cadenas de WhatsApp'', lo cierto es que esa es una patraña. Al igual que en otras ediciones de ''cacerolazos de la abundancia'', el del lunes fue también orquestado por entidades con intereses políticos definidos y con miembros ligados a lo más oscuro de la política Argentina. ¿Quién impulsó este último cacerolazo anti-político? El partido ''Mejorar'', conectado directamente vía ADN a la Fundación ''Impulsar'', cuyo principal referente -y vicepresidente- es Darío Lopérfido, el más tristemente célebre negacionista del genocidio de este país. Recordemos algo del prontuario de este ser siniestro:


  • Fue secretario de Cultura y Comunicación del gobierno de la Alianza 1.0 entre 1999 y 2001, con Fernando de la Rua a la cabeza.

  • Fue ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires de diciembre de 2015 a junio de 2016, cuando renunció por presión de organizaciones de DD.HH.

  • Negó abiertamente el genocidio ocurrido en Argentina entre 1976 y 1983, asegurando que en Argentina "No hubo 30 mil desaparecidos'' sino que ''se arregló ese número en una mesa cerrada" [fuente]

  • Apareció en el listado de Panama Papers, junto a múltiples otros dirigentes macristas como Claudio Avruj, Nestor Grindetti y el propio Macri, como co-titular de la empresa off-shore Supernova Productions Inc. ¿Co-titular? Sí, ya que había otros directores... como Antonito De La Rua...

  • A comienzos de 2019, pidió retirar la emblemática imagen de Eva Perón del edificio del ministerio de Desarrollo Social en Buenos Aires, en Av. 9 de Julio, a la que calificó de ''adefecio fascista''

El otro gran referente del partido ''Mejorar'' es Yamil Santoro, un experto en la organización de eventos antiperonistas, miembro del partido político ''Unión por Todos'', de Patricia Bullrich (si, la infame ex ministra de Seguridad que encubrió los asesinatos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, y que condecoró como un héroe al policía Chocobar, luego de haber matado por la espalda a una persona desarmada y en fuga), que es hoy el presidente de la entidad.

Clarín dice que el cacerolazo fue espontáneo. Pero no: lo gestó el partido Mejorar, liderado por los macristas Yamil Santoro y Darío Lopérfido

Es importante que los argentinos, independientemente de la ideología política que cada uno tenga, sepan qué actores juegan y mueven piezas en el tablero político y social del país. Algunos lo hacen a cara descubierta, como el presidente; otros de forma ''semi-descubierta'', como Rocca, que aparece poco en los medios pero ''no caretea''; y finalmente hay actores que actúan en las sombras, de forma cuasi-clandestina. Son como maestros titiriteros que necesitan de un sector social -al que deben mantener confundido en el tiempo- que haga el trabajo sucio por ellos, y por ende se esfuerzan en ocultar las cuerdas mediante las cuales lo manejan.

Cada uno de estos sectores persigue intereses propios y definidos. Uno puede permitirse dudar sobre si los intereses de tal o cual presidente o partido político coinciden con los de las clases trabajadoras. Es materia opinable, digamos. Pero de lo que no existe ninguna duda es de que los intereses de empresarios como Paolo Rocca y de políticos como Lopérfido y Santoro no están, nunca estuvieron, y jamás estarán, alineados con los de las masas. Necesitan de las masas, si, para conseguir los propios, y por eso las manipulan. Y por eso es que tienen que hacerlo a escondidas, como si no fueran ellos los que lo hacen sino ''las redes sociales y las cadenas de WhatsApp''

Así y todo, veríamos con buenos ojos que la dirigencia política en todos sus niveles tuviera el ''gesto'' de reducirse sus dietas y percepciones. En eso, estimamos, estamos todos de acuerdo. Pero no porque consideremos que la política sea una profesión ''non sancta'', ni muchos menos prescindible: simplemente porque los montos que allí se manejan son lo suficientemente altos como para que los dirigentes puedan continuar sus vidas normalmente incluso con una gran quita. No queremos que se vayan todos. Todo lo contrario: queremos más y más política. Y queremos que la política llegue a las masas.


Dicho esto, es nuestro deber como comunicadores sociales alertar a la sociedad que los problemas estructurales de la Argentina no se van a solucionar, ni cerca, con un ''ajuste'' a la clase política. Como bien explicamos en esta nota [ver más], dicho ajuste no movería el amperímetro. Decimos que apoyaríamos que dicho ajuste se realice más como gesto semiótico (ya que toda la clase trabajadora sufrirá un duro golpe económico por la pandemia del Covid-19, que la clase política se baje sus sueldos sería una especie de ''acompañamiento'', de sumar gente a la carga de la cruz) que como solución práctica-real.

Santoro sonríe. Una vez twitteó: "No culpes a la noche, no culpes a la playa, no culpes a la lluvia, culpalo al río", en referencia a la muerte de Santiago Maldonado

Señalamos, además, que la sociedad debe, a esta altura, advertir esta clase de ''jugarretas'': siempre que el poder real se siente amenazado pone su engranaje (medios concentrados, intelectuales orgánicos y operadores, y la parte de la sociedad a la que se le enseñó a odiar lo popular) a machacar contra ''la política'', intentando que ésta sea vista como una mala palabra, como el gran chivo expiatorio de todo, porque tiene claro que el negocio pasa por la despolitización de las mayorías.


Por último, lamentamos profundamente que la cacerola, símbolo de un genuino hartazgo social, de espontaneidad, y de unión popular transversal surgido allá por 2001, haya sido cooptado por la clase social dominante y por aquellos ''aspiracionistas'' que nunca la integrarán. Nos entristece ver cómo un emblema popular se vació por completo de contenido, adoptó otro totalmente antagónico, y terminó en manos de personajes repugnantes que no representan a nadie más que a su propia casta.


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