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Día del Trabajador: nada que celebrar, pero sí mucho que recordar

[Editorial] Hoy es el Día del Trabajador en todo el mundo, pero en Argentina hay muy poco para celebrar. El empleo es cada vez más escaso, cada vez es peor pagado en términos reales producto de la devaluación de la moneda y de la inflación -que incide directamente en el costo de vida-, y es cada día más frecuente ver a personas comunes buscando un segundo empleo, o al menos una changa que complemente el ingreso que ya hace rato no alcanza. En la carrera entre salarios e inflación, el primero es una tortuga y la segunda es una liebre. Y esto, tengamos en cuenta, no es normal. Nos estamos acostumbrando, pero no es normal.

Ilustración de Jaime y Javier Infante Ramírez | El capitalismo zombi y sus mutaciones: el avance de la walking class > http://www.elsalmoncontracorriente.es/?El-capitalismo-zombi-y-sus

Todo este cóctel contribuye a que el trabajo, más que un derecho adquirido, sea visto hoy como un privilegio. Hoy, a diferencia de lo que sucedía antaño, y como debiera ser siempre, el objetivo no es progresar, no es ''ganar más'', tampoco ascender para darse lujos o ayudar a seres queridos o cercanos. La ''movilidad social'', ascendente durante más de una década, se tornó violentamente descendente. En la coyuntura en la que vivimos, nos han convencido a los golpes de que tener trabajo es un premio, que el objetivo final es ''tener uno''. Estamos normalizando todo esto, pero nada de esto es normal.


Cuando la oferta de trabajo es tan grande, pero todas las medidas gubernamentales van en la dirección de achicar la demanda del mismo (apertura de importaciones, predominio de impuestos regresivos, moneda depreciada, tarifas impagables, ajustes que no parecen tener fin, quita de subsidios, y un sinfín de etcéteras), el valor de la oferta de trabajo disminuye. Así es como se ve gente trabajando ''por monedas'', en negro, bajo condiciones inhumanas, por fuera de cualquier convenio colectivo de trabajo. Así es como se ve a un sector de la población que, claramente, aun no comprendió la gravedad de la situación, al punto de que esgrime argumentos como ese que dice que ''los venezolanos que vienen a Argentina consiguen trabajo enseguida, eso demuestra que en este país trabajo hay, pero los argentinos son muy pretenciosos o muy vagos''.


Llaman ''pretencioso'' al aferrarse a los derechos laborales adquiridos. Los medios masivos se cansan de propagar el discurso neoliberal de que el problema de empleo en el país es causado por las ''altas cargas sociales'' y ''lo que se lleva el Estado'', ocultando que la raíz del problema está en el modelo de país que históricamente han planteado los distintos gobiernos liberales en Argentina. Un modelo de país que funciona para el 5% más rico y condena a la miseria al 95% restante. Un modelo de país que tiene como ideales máximos al ''mérito personal'', al ''esfuerzo individual'', y a la ''libertad de mercado''. Un modelo de país que pone toda su atención en la especulación financiera y nula atención en el proceso productivo real. Los últimos gobiernos que hicieron flamear estas banderas fueron los de Videla (con Martínez de Hoz), Menem y De La Rua (con Cavallo), y Macri (con su desfile de ministros de hacienda, amigos de la JP Morgan Chase & Co y enemigos del ciudadano argentino). A Videla nadie lo eligió, pero a los otros tres sí. Todos ellos fundieron el país, lo pusieron de rodillas, y multiplicaron los pobres a lo largo y a lo ancho del territorio nacional.

Lo que no entienden aquellos que mencionan a los ''venezolanos exiliados que consiguen trabajo en Argentina enseguida'' es que trabajar sin cargas sociales, sin seguro médico, sin aguinaldo, sin vacaciones, sin límite horario, sin dignidad, y a montos fijados arbitrariamente por el empleador, es un retroceso que no nos podemos permitir.

Salvo, claro, que estemos sumidos en la desesperación y el hambre. Cuando uno tiene hambre, los derechos adquiridos quedan en un segundo plano: las urgencias son otras. La moral no cuenta. Lo urgente tapa por completo lo importante. Por eso es que uno se podría permitir preguntarse, ¿será que, entonces, este modelo busca conscientemente la desesperación y el hambre de las masas? Si en este país hemos visto que este modelo ha llevado siempre al mismo lugar -hambre, miseria, disciplinamiento y amedrantamiento de la clase trabajadora-, ¿será que no es que el modelo falla, sino que, por el contrario, busca esto y siempre tiene éxito?


En este Día del Trabajador, no hay nada que celebrar, pero sí mucho que recordar. Debemos recordar que tener trabajo es un derecho. Que no debemos agradecer a nadie por tener trabajo, porque aparte de que éste es una contraprestación, es una contraprestación asimétrica, desbalanceada, porque siempre -ya lo explicó Marx- el trabajador produce más de lo que gana. Debemos recordar que los sueldos altos no son causantes de desempleo (como lo probaron los años 2003-2015, en los que Argentina tuvo una tasa de desempleo muy baja y, en simultáneo, el mejor salario promedio medido en dólares de América Latina). Debemos recordar que cada derecho laboral fue ganado con sangre (literalmente), sudor (literalmente) y lágrimas (literalmente). Qué es mentira que el desempleo crece por la carga impositiva. Que es mentira que ''la industria del juicio'' causa desempleo. Que es mentira que en Argentina ''se perdió la cultura del trabajo''. Que es mentira que Argentina ''necesita'' una reforma laboral que, en realidad, debería llamarse ''reforma pro patronal''. Qué lo que hacen los venezolanos exiliados en Argentina -lo de trabajar por dos pesos- es producto de su desesperación, y que haya empleadores que toman gente en esas condiciones sólo es posible en un país en el que rige el ''sálvese quien pueda'' y en el que al gobierno le importa tres pepinos el trabajador.


No le importa porque, en realidad, para éste, como para todos los gobiernos con este ADN, el trabajador no es un objetivo de gestión: es un costo más. Cuando los liberales dicen ''Minimizar costos y maximizar beneficios'', el principal costo a minimizar es, justamente, el trabajador. Que hoy en Argentina intentará celebrar su día.

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