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Crónica de una visita turística a Moscú

Actualizado: 23 de may de 2018

No es el destino mas típico del viajero promedio que decide conocer Europa, pero no por eso deja de ser una ciudad increíble y atípica. A continuación te contamos la experiencia de uno de los editores de Código Plural en la capital rusa.

Decidí conocer Moscú en invierno, en el momento mas extremo posible en cuanto a frío. Fue mas una decisión ‘’desafío personal’’ que otra cosa, y a pesar de haber pasado momentos literalmente desesperantes en cuanto a la temperatura, fue una decisión de la que nunca me voy a arrepentir.


Moscú era mi tercer destino sobre cinco planeados dentro de Europa. El primero fue Londres, en donde la temperatura oscilaba entre los 1 y los 6 grados. Luego vino Atenas, donde el clima ya era mas cálido y uno podía salir a caminar de día con una camiseta y un sweater. Pero la transición de Atenas a Moscú fue brutal.


Ya a la salida del avión, en esos 2 o 3 metros que dura la manga que va desde la puerta de la aeronave al interior del aeropuerto, el frío era inimaginable. Llegué a la madrugada, con el sol apenas saliendo, y en ese momento en los carteles electrónicos del aeropuerto se leía ‘’-11°’’. Rápidamente tomé conciencia que los 5 días que tenía que pasar en esta ciudad eran realmente un desafío, y que los tiempos de caminata a la intemperie iban a tener que ser cortos.


Desde el Aeropuerto Internacional de Domodédovo de Moscú se puede llegar fácilmente en transporte público hasta el centro de la ciudad. Si, aun con grandes valijas y sin entender un pomo de ruso. Las indicaciones para turistas son escasas, pero con un poco de preparación previa se puede hacer, y evitar traslados mas caros como un taxi o una van.


Un dato importante es que en Moscú, si bien hay internet de buena intensidad y gratuita en toda la ciudad, para acceder a la misma hay que registrar un número telefónico ruso. O, lo que es lo mismo, si sos extranjero olvidate de conseguir WIFI en la calle, y lo mismo se aplica a los comercios tipo McDonalds, Starbucks o esas cadenas a las que uno suele ir para ‘’encontrar wifi seguro’’. Por esta razón es que en Moscú fue en la única ciudad de Europa en la que no pude leer o actualizar redes sociales, subir fotos, responder whatsapps y demás. Recién podía hacer eso al llegar de regreso a mi hospedaje de Airbnb.

El subterráneo tiene una frecuencia increíble: llega un tren prácticamente cada 60 segundos. El trazado del mapa del mismo cubre prácticamente todos los lugares ‘’clave’’ para los turistas, y es relativamente accesible en cuanto a costos si uno compra un pase por determinada cantidad de días. Las estaciones son increíbles: antiguas, exageradamente amplias y lujosas, y muchas de ellas aun mantienen la iconografía soviética. De hecho, la estación más próxima a mi alojamiento era la llamada ‘’Majakovskaya’’, era un destino turístico en si mismo: arcos tallados monumentales, la hoz comunista en cada uno de ellos, arañas luminarias propias de un castillo medieval mas que de una estación de metro, techo lleno de arte, pasillo amplio y unas escaleras mecánicas muy antiguas y de una extensión que jamás había visto. Desde que uno se baja del tren hasta que sale a la superficie pueden pasar entre 10 y 15 minutos, por la extensión y la cantidad de escaleras mecánicas.


La primera vez que pisé el exterior del centro de Moscú, tras salir del subte, pensé que no iba a poder lograrlo. Que cinco días en estas condiciones no iba a poder pasar, que el frio me iba a terminar matando, y, aparte, me resultaba imposible caminar. El suelo estaba totalmente congelado, y aun caminando a paso de tortuga sentía que me iba a resbalar y a caer en cualquier momento. Pensé en comprarme botas o algo mas acorde que mis zapatos, pero con el pasar de las horas y los días me fui poniendo canchero hasta que éste ya no fue mas un problema. Cuando uno empieza a caminar con determinación, y sobre todo cuando deja de pensar en la posibilidad de la caída, el problema desaparece.


El otro problema que me surgió inmediatamente fue el siguiente: desde la puerta misma de salida del subte yo podía visualizar mi alojamiento. Estaba literalmente en frente, solo tenía que cruzar una avenida. Pero… no había forma de cruzarla! No hay semáforos, no hay sendas peatonales, y la posibilidad de cruzar en algún momento que no pasaran autos estaba descartada de entrada porque los mismos no cesaban de pasar y la avenida era demasiado ancha. Y tampoco podía correr, primero por las valijas, segundo por el hielo que cubría por completo el asfalto. No sabía que hacer, asi que me puse a caminar arrastrando dos valijas grandes, esperando encontrar en algún momento una respuesta a mi pregunta: como carajos cruzar la calle. El frio era tal que no sentía las manos, y tras caminar 100 metros pensé en regresar al subte, solo a los fines de aislarme del frio, aunque significara volver a foja cero respecto al objetivo de llegar a mi alojamiento. Pero decidí caminar una cuadra mas y finalmente encontré la respuesta: las grandes avenidas en Moscú se cruzan por debajo de la tierra. Son pasajes subterráneos, y dentro de ellos suele haber calefacción y locales comerciales. Están aproximadamente cada 200 o 300 metros y, lamentablemente para los turistas con valijas, no tienen rampas (igualmente, una rampa podría ser una trampa mortal en el contexto de tanto hielo y nieve). Finalmente tuve que caminar casi 500 metros para llegar a la puerta del edificio en el que me iba a alojar, el cual estaba a solo 30 desde la salida del subte. Un garrón, que se repetiría a lo largo de toda mi estadía, pero ya para entonces había logrado tres cosas: caminar sin caerme, lograr cruzar la avenida, y llegar a mi hogar, cálido y dulce hogar.


Muchas de mis preocupaciones iniciales se fueron relativizando: en el departamento me abrigué muy bien (llegué a ponerme 4 remeras térmicas, sweater, y dos camperas, mas gorro, bufanda, dos pares de medias, dos pares de guantes, y calzas largas debajo del jean). Con ese abrigo, uno podía caminar 6 o 7 cuadras seguidas sin necesidad de meterse en algún lado. Pero no queda otra opción mas que hacer esto: parar la travesía cada 15 o 20 minutos de estar en la intemperie, ya sea para pasar 5 minutos en un lugar calefaccionado o, lo que es aun mejor, tomar un café o algo caliente.


El record de baja temperatura que experimenté fue de 17 grados bajo cero. En ese contexto fui a visitar el Kremlin, un lugar imperdible para cualquier turista que va a Moscú. Pero, y dando comienzo a la parte de recomendar lugares, hay otros que son mas ‘’must’’.


La famosísima Plaza Roja tiene varias cosas muy imperdibles. La ‘’Kremlin Wall Memorial’’ es una de ellas: uno de los muros gigantescos del Kremlin contiene una Necrópolis donde fueron enterradas en fosas comunes mas de 200 caidos de la Revolución Bolchevique de Octubre de 1917. Mas adelante se dejaron de lado los entierros en fosas, que fueron sustituidos por entierros de las cenizas en la misma muralla. Luego de 1921, los funerales en la plaza Roja quedaron reservados sólo para políticos, líderes militares, cosmonautas y científicos de relevancia.

Justo en frente del muro-cementerio yacen lápidas enormes, religiosamente cuidadas y mantenidas, entre las que se encuentra la de Stalin. Y delante de todas ellas, el mítico mausoleo de Vladimir Lenin, el cual tuve el placer de conocer por dentro, y que constituyó una de las mas extraordinarias experiencias que viví no solo en Moscú sino en todo mi historial turístico. El camino al mismo está repleto de policías armados hasta los dientes –el mausoleo de Lenin tuvo varios intentos de atentados, incluso uno tuvo parcial éxito-, no permiten fotografías ni el ingreso con elementos metálicos, y todo el recorrido interior es en completa oscuridad. Solo en el mismísimo lugar donde está efectivamente el cuerpo del ex líder soviético hay una tenue luz, lúgubre, en una atmósfera absolutamente intimidante con un silencio que aturde. Los policías no permiten que la gente se quede quieta contemplando: uno tiene que caminar, despacio, sin detenerse, y salir del mausoleo.

De la salida del mausoleo al próximo gran e imperdible destino turístico, la Catedral Ortodoxa de San Basilio, quizás el ícono máximo y mas famoso y representativo de todo Rusia. El edificio, por fuera, es deslumbrante. La visita guiada por su interior… no tanto. No es mucho lo que se puede ver por dentro, y por lo que sale la entrada es preferible hacer otra cosa. Arquitectónicamente, la Catedral es una obra maestra. Y contraste muchísimo con la sobriedad de las edificaciones que hay alrededor.


Justo en frente del muro-necrópolis del Kremlin, a metros de la Catedral, se encuentra el GUM o "Principales Tiendas Universales". Básicamente se trata de un mega-shopping, carísimo, en el que incluso hay que pagar para ir al baño. En los baños hay posnets, eso lo dice todo. Se puede realizar un agradable paseo por el mismo, pero difícilmente un turista de clase media pueda realizar allí compras.


Otro lugar fascinante que visité, muy alejado del centro de Moscú, es el famoso ‘’Gorky Park’’, mundialmente conocido por ser mencionado en la letra de la canción insignia de la banda ‘’Scorpions’’: ‘’Wind Of Change’’. Se trata de un parque de dimensiones astronómicas, mas grande que cualquiera de los parques reales de Londres, e infinitamente mayor al Central Park neoyorquino. Estaba por completo cubierto de nieve, y daba algo de miedo adentrarse mucho por temor a perderse y morir de frío al no encontrar una salida rápida. Dentro del Gorky Park se mantienen vivas varios simbologías comunistas, lo cual es una rareza porque Moscú ha sufrido un acelerado proceso de des-stalinizacion, y gran parte de la iconografía de la vieja URSS fue removida.

Entrada principal del Gorky Park

Pero la palabra es esa: ‘’removida’’. No fue tirada a la basura, sino que se la acumuló casi todo en un espacio del Gorky Park llamado ‘’Muzeon Park of Arts’’. Allí se constituyó un verdadero cementerio de esculturas enormes, extraordinarias desde el punto de vista estético, de bustos y demás monumentos, que en algún momento estuvieron distribuidas por todo Moscú. Un verdadero banquete para los fanáticos, simpatizantes y nostálgicos de la época soviética.


La zona céntrica de ‘’Teatralnaya’’, a unos 500 metros de la Plaza Roja, es otro lugar obligado. Allí se encuentra uno de los grandes monumentos a Karl Marx que quedan de pie en Moscú, y el impactante y bellísimo Teatro Bolshoi.

Teatro Bolshoi

Volviendo al tema del frío, debo decir que nunca en cinco días utilicé mi cámara réflex. Lo lamenté mucho, pero ya sacar las manos del bolsillo, y mas aun de los guantes para tomar fotografías de celular, era una tortura para las manos. Y una vez que las manos desnudas sentían el frio crudo, el calor era irrecuperable. Por ende, todas las fotos que pude sacar fueron desde el celular, y fueron menos de las que hubiera querido.


El último día entero en Moscú decidí ir a conocer el Monasterio y el Cementerio de Novodevichy, e intentar conocer el predio deportivo donde yace el Estadio Olímpico Luzhnikí, donde se jugará tanto el partido inaugural como la gran final del Campeonato Mundial que se viene en unos días. El estadio es colosal. No se lo ve para nada moderno, es mas, llama la atención que mantenga la línea de todo lo que se ve en Rusia: es gigante (alberga 80 mil personas sentadas), se lo ve como un estadio de la década del 50, y está rodeado de un enorme campo polideportivo. Al menos en febrero, no había rastro alguno de que, en ese lugar, en unos pocos meses se llevaría a cabo una Copa del Mundo. Es mas: la sensación que a uno le quedaba es que ‘’es imposible que se pueda practicar algún deporte acá’’ dada la cantidad insólita de nieve y hielo que cubria absolutamente todo, incluso los céspedes sintéticos de las múltiples canchas que hay alrededor del Estadio. Pero claro, el Mundial será en el verano de Moscú.

Estadio Olímpico de Luzhnikí

El Monasterio de Novodevichy es un lugar increíble, que requiere de mucho tiempo para recorrer en profundidad, tiempo que yo no disponía. Edificios monumentales, un pequeño cementerio cubierto casi por completo de nieve, y una atmósfera rara, como si necesitaran de los turistas para sobrevivir económicamente, pero que en realidad preferirían que nadie ajeno al lugar pisara ese suelo. Lo percibí, saqué algunas fotos, y me fui camino al cementerio.


Tenía claro de entrada qué exactas tumbas quería ver y fotografiar en el cementerio de Novodevichy, a unos 200 metros del monasterio. Pero no había en internet ningún mapa claro, que dijera donde estaban esas tumbas. Y el cementerio, entre su enorme tamaño, la carteleria en ruso, y la nieve que todo lo cubría, hacía imposible que yo logre encontrar lo que buscaba. Para mi fortuna, un hombre del lugar se me acercó y comenzó a hablarme en algo asi como ‘’rusenglish’’. Solo pude entender las palabras ‘’Kruschev’’ y ‘’Yeltsin’’, mas los gestos de que lo acompañe. No paró de hablarme, y yo no le entendía absolutamente nada. Pero lo seguí, porque no tenía otra carta por jugar.

Y tuve suerte: me indicó el paradero no solo de las dos tumbas que buscaba, la de Boris Yeltsin, el primer presidente de la Federación de Rusia, cargo que ejerció de 1991 a 1999, y la de Nikita Kruschev, sino además la de varias personalidades importantes (que yo corroboraría esa importancia a posteriori). La de Yeltsin es una escultura hermosa con la forma de una ondulante bandera rusa, y es la única tumba con colores que pude ver en el todo el cementerio. La de Kruschev es un monumento simple, sencillo, y que estaba cubierta por una cinta de peligro, asi que evidentemente estaban trabajando sobre ella. Luego de fotografiar esas tumbas, recorrí un poco el resto del cementerio hasta que el frío no me lo permitió mas.


Tumba de Boris Yeltsin, Cementerio de Novodevichy

En general, el centro de Moscú, donde estuve alojado, es tanto o mas espectacular y lujoso como los centros de Paris o Londres. La Calle Tverskaya, la ancha avenida que no sabía como cruzar al comienzo de esta aventura, es una de las calles con las propiedades mas caras del mundo, y todas las grandes marcas a nivel mundial tienen una tienda allí. Los locales son todos enormes, altos, espaciosos. Todo lo que se ve en Moscú tiene esas características, que están en las antípodas de lo que se ve en lo que fue mi destino inmediatamente anterior, Atenas.


La gente en general es fría y poco demostrativa, pero en absoluto descortés. Casi todos hablan en inglés lo justo y necesario para atender a turistas, y no se molestan ni un poco en intentar una tonalidad ‘’inglesa’’: pronuncian con el mas ortodoxo estilo ruso las palabras del dialecto inglés. Y se les entiende. Se ven muchas mujeres muy altas, perfectamente vestidas, sobrias pero elegantes. Los hombres también suelen ser de gran porte, y se nota que el frio para ellos no es un problema en lo mas mínimo.


El costo de vida en Moscú es de moderado a alto, aunque no tanto como Londres o Paris. Es decir: es caro, pero no lo suficiente como para dejar de hacer algo que uno realmente quiere hacer. No aceptan euros ni dólares, salvo rarísimas excepciones, pero hasta en la tienda mas humilde y precaria aceptan todo tipo de tarjetas de crédito y débito. También hay cajeros automáticos empotrados en las paredes de casi todas las cuadras, por lo cual no hay necesidad alguna de preocuparse por llevar billetes: o pagás todo con alguna tarjeta, o extraes en cualquier lado sin problemas (siempre es fundamental avisar con antelación a tu banco y tarjeta que vas a visitar el país, para que no te bloqueen inmediatamente la misma).

Muzeon Park Of Arts, el ''cementerio de monumentos comunistas''

Para finalizar, la clave para pasar una estadía inolvidable en Moscú pasa por (a) saber bién qué cosas o atracciones uno quiere conocer, tratando de interiorizarse sobre las mismas, (b) saber de antemano cómo ir, y qué servicio público usar, a cada uno de estos puntos, (c) tener claro que es muy difícil estar ‘’bien vestido’’ en Moscú sin sufrir horrores el frío, al menos en invierno. La prioridad debe estar en llevar ropa acorde: mucha ropa térmica, que ocupe poco lugar y sea ‘’al cuerpo’’, de manera de poder ponerse muchas prendas encima sin quedar como un ‘’muñeco de Michelin’’. Y (d), finalmente, no desesperarse por las complicaciones climáticas. Al comienzo es inevitable, pero luego uno logra acostumbrarse. Y cuando eso se logra, ya uno podrá dedicarse por completo a disfrutar y a exprimir una de las mas extraordinarias capitales europeas (en mi experiencia personal, que conocí 10, la segunda mejor después de la fabulosa Londres).


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