• Código Plural

¿Autocrítica si o Autocrítica no? (por Carla Navazzotti)

Hace un par de semanas, ante la mirada sorprendida de todo el campo Nacional y Popular, Juan Grabois hizo un lanzamiento del nuevo Frente Patria Grande. Escuché atenta su discurso por internet. El público estaba muy relajado, fue un lanzamiento diferente al que estamos acostumbrados, el mismo Grabois hablo con lenguaje informal, vistió informalmente, hasta su forma de pararse detrás del atril era descontracturada y con un discurso diferente mencionó una palabra que me dejó reflexionando, porque repercutió en muchos compañeros y compañeras de forma hasta «insultante». La palabra fue «autocrítica», él la utilizó a su gusto (incluso el tema ni siquiera es Grabois, sino la palabra en sí), yo le daré mi matiz, y a algun@s les parecerá bien, y a otr@s no tanto, pero como dijo una compañera de Moreno ''Nestor me enseño a ser transgresora'' (Néstor Kirchner).

Soy mujer, joven, vengo al mundo de la política con todas las convicciones a cuestas, a las cuales no pienso abandonar, y como mujer sé que el desafío es doble, y como joven es triple. Porque 1) el mundo de la política es difícil, 2) a los jóvenes nos necesitan como eslogan de ''trasvasamiento generacional'', pero a la vez no nos dejan ser y 3) porque ¡Dios mío! ¡Que miedo le tiene el hombre DE la política a la mujer EN política!! (Simone de Beauvoir diría ''el miedo del hombre a la mujer sin miedo'').


Pero lo que a mi me preocupa, y a esto voy con «autocrítica», no es ninguna de la tres cosas anteriores, porque contamos con esos tres obstáculos. Lo que a mí más me preocupa, es el silencio de mis pares, de mis hermanas, me pregunto una y otra vez, ¿Cómo es posible que tomemos la bandera del feminismo y desatemos mareas verdes que sorprenden al mundo entero, y no seamos capaces de tener esa empatía, esa sororidad con la propia compañera de al lado?. Y en esto no podemos fallar. Porque si fallamos en esto, ahí es donde nos gana terreno el machismo, ahí es donde la patriarcalización de la política sigue instalándose una y otra vez. Me pregunto ¿Cómo es posible dar grandes discursos de feminismo y no reaccionar frente al maltrato de los varones de la política hacia una compañera? Simone también habló de eso, ''el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los oprimidos'', y es que nosotras mismas también debemos de-construirnos. Nunca podemos justificar al machismo buscando excusas que eximan de culpa a los hombres.


Las prácticas políticas viejas son 100% machistas, y la única forma de cambiarlas es dándonos entre las mismas mujeres los espacios que nos corresponden. Hablamos de que queremos transformar la realidad, que queremos una Patria Libre, Justa, Soberana, Democrática y Feminista, pero ¿qué hacemos para empezar a transformar?. Nuestra primera tarea TIENE que ser educarnos entre nosotras, protegernos, cuidarnos, y alentarnos. ¿Cómo me va a molestar a mi, que una mujer cobre preponderancia en la arena política? Debería hacernos bien ese logro. El triunfo de una compañera no puede constituirse nunca como nuestro sufrimiento, sino como una alegría, porque si las diferencias entre nosotras son políticas, nuestro mayor desafío es sentarnos a debatir políticas, pero jamás neutralizar o ''bajar'' a la compañera. Nunca jamás callarnos, ojo, CALLADITAS NUNCA. Porque la omisión, y el silencio no construyen nada. El silencio hace daño también, porque una palabra dicha a tiempo puede evitar mucho, de no decirla, tal como escribió Simone, somos cómplices.


Hace poco hice un llamado a la «sororidad», en un posteo de Facebook con respecto a la persecución y al escarnio al que está siendo sometida Cristina Fernández, y puse que dejando cualquier ideología de lado ''debíamos tener sororidad (solidaridad con el género) y no aceptar lo que le pasaba a una de nosotras''. A lo que automáticamente alguien que no comparte ideología contesta ''¿una de nosotras?''. Me dolió como me duele cada vez que una mujer dice acerca de una chica que asesinaron: ''¿qué hacía a esa hora sola y con pollera tan corta?''.


Vuelvo a repetir, y lo voy a hacer hasta el cansancio: si no nos reconocemos las unas a las otras como pares, si no somos capaces de cuidarnos entre nosotras, ¿de qué solidaridad de género hablamos?. SI, por supuesto, la autocrítica sirve, NO es mala palabra, hay que hacerla constantemente e impulsarnos cada día a ser mejores que el día anterior, la sororidad está buenísima, pero empecemos primero a ser primero sororas con la que tenemos acá cerquita.

Carla Navazzotti